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Comparativa

Sustrato de semillero o universal: la diferencia que cuenta

Uno es fino, ligero y deliberadamente pobre; el otro, grueso y ya cargado de abono. Lo que cada uno le hace a las semillas, y en qué caso el sustrato universal puede servir de todos modos.

La rédactionPublicada el · 6 min de lectura
Mains tenant du terreau fraîchement préparé

Para una siembra, el sustrato de semillero gana sin discusión: es fino, ligero y deliberadamente pobre, que es lo que una semilla necesita para germinar sin pudrirse. El sustrato universal, más grueso y ya cargado de abono, da nascencias irregulares y agota a las plántulas. Aun así puede sacar de un apuro, con una condición: tamizarlo y elegirlo sin turba.

Dos productos, dos oficios

Un sustrato no es tierra. Es una mezcla fabricada, cuya composición responde a un uso preciso, y los dos usos en cuestión no tienen casi nada en común.

El sustrato de semillero acompaña a una semilla durante unas pocas semanas. Esta lleva sus propias reservas: no necesita ni abono ni riqueza, solo un soporte fino, aireado y regularmente húmedo, que deje pasar una radícula frágil. El sustrato debe ser lo bastante ligero para que una raíz joven lo atraviese, lo bastante fino para que una semilla pequeña toque materia por todos lados, y lo bastante drenante para que el agua no se estanque alrededor del cuello.

El sustrato universal alimenta a una planta instalada durante varios meses. Contiene un abono de fondo, retiene más agua, y su estructura más gruesa evita que se compacte en una maceta grande con el paso de los riegos. Estas cualidades se convierten en defectos en cuanto se siembra en él.

El comparativo de un vistazo

CriterioSustrato de semilleroSustrato universal
GranulometríaTamizada, de 0 a 5 mmGruesa, fibras y astillas de madera visibles
RiquezaBaja, lo justo para unas semanasAbono de fondo para varios meses
pH habitualEn torno a 6 o 6,5Por lo general entre 5,5 y 6,5 según las marcas
Comportamiento con el aguaHumedad regular, oreo rápidoRetención fuerte, secado lento en superficie
Uso previstoSiembra, esquejes, repicadoTrasplante, jardineras, plantas instaladas
Riesgo principalSe agota si el repicado se retrasaNascencia irregular, mal de los semilleros, raíces quemadas

La línea más decisiva es la primera. Una semilla de tomillo o de albahaca mide uno o dos milímetros: colocada junto a un trozo de corteza de dos centímetros, se encuentra en una bolsa de aire, se seca en unas horas y no nace nunca.

La segunda línea explica por sí sola la mayoría de los fracasos de nascencia que señalan los jardineros principiantes. Un sustrato universal lleva un abono de fondo calculado para una planta adulta que consume durante varios meses; esa reserva es muy superior a lo que una plántula puede absorber en tres semanas. El excedente queda disuelto en el agua del sustrato, donde molesta a las raíces en lugar de alimentarlas. Los dos productos no se distinguen, por tanto, por su calidad, sino por la duración para la que han sido formulados: unas semanas de un lado, una temporada entera del otro.

Por qué un sustrato demasiado rico molesta a una siembra

La idea de que un sustrato más nutritivo da plántulas más vigorosas es falsa, y tres mecanismos lo explican.

  • Las sales minerales dañan las raíces nuevas. Una radícula que sale de la semilla está formada por tejidos muy jóvenes. Una concentración alta de abono a su alrededor frena su absorción de agua en lugar de favorecerla, lo que se ve en unas puntas pardas y en un crecimiento detenido.
  • La semilla no necesita nada durante la nascencia. Sus reservas bastan hasta la aparición de las primeras hojas verdaderas. El abono presente antes de esa etapa no le sirve a nadie, salvo a las algas verdes y a los mohos de superficie.
  • Un sustrato que permanece empapado favorece el mal de los semilleros. Esta enfermedad hace que las plántulas se derrumben a la altura del cuello, de un día para otro, sin que se pueda remediar. Prospera en un sustrato grueso que retiene el agua en profundidad, y en un aire sin renovar.

A esto se suma una molestia muy visible: un sustrato rico y constantemente húmedo atrae a los esciáridos, esas mosquitas negras que corretean por la superficie. Nuestra guía sobre las mosquitas en el sustrato explica cómo identificarlas y cómo deshacerse de ellas.

Sembrar en un sustrato universal: con qué condiciones

A veces no se tiene otra cosa a mano. Es viable, siguiendo tres precauciones.

  1. Tamizar. Pasar el sustrato por un colador de malla ancha o por un tamiz de jardín, y usar solo la fracción fina. Las fibras y los trozos de madera retenidos en el tamiz servirán para el fondo de las macetas de trasplante.
  2. Elegir un producto sin turba. Este punto no es solo ecológico: los sustratos a base de fibra de coco, compost vegetal y perlita se rehumedecen bien después de un desecado, mientras que una turba reseca se vuelve hidrófoba y deja que el agua resbale por la superficie.
  3. Aligerar la mezcla. Una parte de perlita o de arena gruesa por tres partes de sustrato tamizado restablece el drenaje y compensa una retención de agua demasiado fuerte.

Esta solución sigue siendo un apaño. Va bien con las semillas grandes, poco sensibles a la textura, y mucho menos con las semillas finas como el tomillo, el cebollino o las flores anuales.

Lo contrario también merece decirse: un sustrato vendido para semilleros no es forzosamente fino. La mención aparece a veces en sacos cuyo contenido sigue siendo grueso, y la única comprobación que vale se hace con la mano, tomando un puñado en el momento de llenar. Un buen sustrato de semillero se desmenuza entre los dedos, no contiene fibras largas ni astillas de madera, y no forma una bola compacta cuando se aprieta húmedo. Si se pega, hay que aligerarlo; si queda en terrones, hay que tamizarlo, sea lo que sea lo que ponga en el envase.

De la siembra al trasplante: qué mezcla en cada etapa

El sustrato sigue a la planta, y cambia tres veces.

En la siembra, sustrato de semillero puro, humedecido antes de llenar. Debe estar fresco al tacto sin chorrear cuando se aprieta. Las macetas se llenan hasta un poco por debajo del borde, sin olvidar las esquinas, y después la semilla se cubre con una capa fina tamizada, por lo general no más gruesa que la propia semilla. Un recipiente de 6 cm de diámetro, es decir unos 90 mL, basta de sobra hasta la etapa de cuatro hojas verdaderas.

En el repicado, mitad sustrato de semillero, mitad sustrato más rico. La planta joven empieza a consumir, pero sigue necesitando un sustrato aireado. Es también el momento en que pasa a un recipiente individual, en la etapa de dos hojas verdaderas; los gestos se detallan en nuestro calendario de siembras de interior.

En el trasplante definitivo, un sustrato de trasplante o universal, aligerado si conviene según la planta. A partir de ahí es el abono líquido el que toma el relevo, y ya no el sustrato: un primer aporte de cuatro a seis semanas después de la instalación, y después aportes regulares durante la temporada de crecimiento.

Turba, coco, perlita: qué hay dentro del saco

La composición figura en el saco, y tres ingredientes se repiten.

  • La fibra de coco, lavada, asegura una retención de agua regular y se rehumedece con facilidad. Hoy sustituye a la turba en la mayoría de los sustratos de semillero.
  • El compost vegetal tamizado aporta los pocos elementos nutritivos necesarios para las primeras semanas.
  • La perlita, ese granulado blanco muy ligero, crea bolsas de aire que impiden que la mezcla se compacte.

La turba, por su parte, sirvió durante mucho tiempo de base a todos los sustratos. Su extracción destruye turberas, medios húmedos que tardan milenios en formarse y que almacenan grandes cantidades de carbono; las alternativas sin turba están hoy ampliamente documentadas y disponibles. Un sustrato sin turba exige simplemente una vigilancia algo distinta: se seca más rápido en superficie, y se comprueba en profundidad más que a ojo. El método es el mismo que para cualquier planta en maceta, descrito en nuestra guía regar las plantas de interior.

Fuentes

Preguntas frecuentes

¿Se puede reutilizar un sustrato de semillero de un año para otro?

Un saco empezado pero que ha quedado cerrado y a resguardo se reutiliza sin problema la temporada siguiente. El sustrato que ya ha pasado por una maceta, en cambio, ha perdido su estructura y sus elementos nutritivos, y puede albergar esporas del mal de los semilleros o larvas de esciáridos. Todavía sirve en el fondo de una maceta de trasplante o en el compost, no para una nueva siembra. La regla cabe en una frase: una siembra parte siempre de un sustrato nuevo.

¿Puede servir un sustrato de semillero para plantas adultas?

Solo, no: es deliberadamente poco nutritivo y se agotaría en unas semanas. Mezclado a partes iguales con un sustrato de trasplante más rico, en cambio, da un sustrato aireado que va muy bien a las plantas jóvenes y a las aromáticas. Para una planta instalada en su maceta definitiva, un aporte de abono líquido toma el relevo al cabo de cuatro a seis semanas.

¿Hay que esterilizar el sustrato antes de sembrar?

Un sustrato de semillero nuevo, sacado de un saco todavía cerrado, no necesita ningún tratamiento. El paso por el horno se aconseja a veces para un sustrato recuperado de un cultivo anterior, pero destruye también la vida microbiana útil y desprende un olor persistente. Es más sencillo y más eficaz partir de un saco nuevo para las siembras, y reservar el sustrato ya usado para trasplantar plantas robustas.

¿Cuántas macetas llena un saco de 20 litros?

Un saco de 20 litros llena unas 220 macetas de 6 cm de diámetro, o una decena de bandejas de semillero. El volumen real depende del apelmazado: un sustrato de semillero se llena sin comprimirlo, así que hace falta algo más de lo que uno imagina. El saco empezado se guarda entreabierto, a resguardo del sol, y se usa dentro del año.

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