Regar las plantas de interior: la frecuencia no existe
Ninguna planta bebe una vez por semana. Cómo comprobar el estado del sustrato antes de cada riego, distinguir un exceso de una falta de agua, y regar bien por arriba o por abajo.

En esta guía
La pregunta «¿cada cuánto hay que regar?» no tiene respuesta, y eso es lo primero que conviene admitir. No se riega según un calendario, sino según el estado del sustrato: se hunde un dedo unos 5 cm, es decir dos falanges, y solo se riega si está seco a esa profundidad. El riego se hace entonces en abundancia, hasta que el agua salga por el orificio de drenaje, y después se vacía el plato.
Por qué una frecuencia fija no funciona
Una planta no consume la misma cantidad de agua de una semana a otra. La misma maceta, en el mismo sitio, puede tardar tres días en secarse en julio y tres semanas en enero. Lo que cambia entre esos dos momentos no depende solo de la planta.
- La luz. Cuanto más intensa y más larga, más transpira la planta y más bebe.
- La temperatura y el aire ambiente. Una calefacción encendida reseca la habitación y acelera la evaporación; un baño fresco la frena.
- El recipiente. Una pared porosa deja que el agua se evapore por los lados; una pared de plástico, no.
- El volumen de raíces. Un cepellón lleno de raíces agota su reserva en unos días; una maceta demasiado grande para la planta sigue húmeda durante semanas.
- La estación. El crecimiento se ralentiza en invierno, y las necesidades con él.
El exceso de agua es con diferencia la primera causa de muerte de una planta de interior, por delante de la falta. Unas raíces mantenidas en un sustrato saturado se quedan sin oxígeno, se necrosan, y la planta acaba marchitándose aunque la maceta rebose agua. La paradoja es cruel: la apariencia de sed empuja a regar más, y eso remata la planta.
Comprobar antes de regar: tres métodos
El dedo sigue siendo el método de referencia. Se hunde unos 5 cm en el sustrato, lejos del tallo. Si sale limpio y seco, ha llegado el momento; si sale fresco, se espera. Las suculentas y los cactus son la excepción: quieren un sustrato seco a mucha más profundidad.
Si el dedo no consigue hundirse hasta esa profundidad, no es un detalle menor. El sustrato está demasiado compacto o completamente colonizado por las raíces, y hace falta un trasplante antes que cualquier otra corrección. El procedimiento aparece en nuestra guía para trasplantar una aromática de supermercado, y vale para cualquier planta en maceta.
El peso es el método más rápido para las macetas pequeñas. Se sopesa una maceta recién regada y se repite el gesto unos días después: la diferencia es llamativa, y la mano se acostumbra rápido a reconocer una maceta que se ha quedado sin agua.
Un sensor de humedad evita tener que escarbar y da un valor comparable de una vez a otra. La sonda se hunde hasta dos tercios de la altura de la maceta, a medio camino entre el tallo y el borde, y se retira después de la medición: si se deja de forma permanente en un sustrato húmedo, se estropea. En una escala de 1 para un sustrato seco a 10 para un sustrato encharcado, las aromáticas y las plantas verdes se riegan en torno a 3 o 4, las suculentas esperan a 1 o 2, y los helechos prefieren quedarse entre 5 y 7.
Demasiada agua o muy poca: leer las señales
Los dos problemas se parecen a primera vista. La tabla siguiente ayuda a decidir.
| Lo que se observa | Más bien exceso de agua | Más bien falta de agua |
|---|---|---|
| Hojas | Amarilleo, caída de las hojas de abajo | Follaje apagado, verde grisáceo, bordes secos |
| Sustrato | Encharcado, a veces cubierto de verde | Seco en profundidad, separado del borde de la maceta |
| Olor | Olor a tierra estancada | Ningún olor particular |
| Raíces | Marrones, blandas, quebradizas | Claras pero secas y fibrosas |
| Después del riego | Ninguna mejora, incluso empeora | Se endereza en unas horas |
La fila de las raíces es la más fiable: obliga a sacar el cepellón de la maceta, lo que no supone ningún riesgo si la planta se sujeta por el cepellón y no por el tallo. Unas raíces sanas son claras y firmes.
Una última señal merece conocerse, porque es engañosa: una planta ahogada puede marchitarse exactamente igual que una planta sedienta. Sus raíces dañadas ya no transportan el agua, aunque estén rodeadas de un sustrato empapado, y el follaje se desploma. El reflejo de regar más agrava entonces la situación un grado más. La única manera de evitar ese círculo es tocar el sustrato antes de cada riego, sin excepción, y tratar el cepellón en vez de las hojas cuando los dos indicios se contradicen.
Regar por arriba, regar por abajo
Por arriba, el agua se vierte despacio sobre toda la superficie del sustrato, hasta que salga con claridad por el orificio de drenaje. Ese escurrido no es un desperdicio: arrastra consigo las sales acumuladas. Un chorrito al pie de la planta, que solo moja un cuarto del cepellón, deja el resto de las raíces en seco. El plato se vacía unos veinte minutos después, sin excepción.
Por abajo, la maceta se pone en un plato o un barreño con agua, y el sustrato absorbe lo que necesita por capilaridad. El método conviene sobre todo a los semilleros, a las plantas de follaje aterciopelado que más vale no mojar, y a los sustratos que se han secado demasiado. También aquí el agua restante se retira al cabo de unos veinte minutos.
Una planta nunca debe quedarse dentro del agua. Un macetero decorativo se comprueba después de cada riego: el agua se acumula ahí sin verse, y es uno de los escenarios más frecuentes de podredumbre de raíces.
La maceta y el sustrato lo cambian todo
Un mismo riego no da el mismo resultado según el recipiente. El barro cocido sin esmaltar deja que el agua se evapore por su pared: el sustrato se seca ahí más rápido que en una maceta de plástico, lo que va bien a las aromáticas mediterráneas y a las plantas que temen la humedad estancada, y exige una vigilancia más frecuente en verano. Una capa de 2 a 3 cm de arcilla expandida en el fondo facilita la evacuación.
Las marcas blancas que aparecen sobre el barro cocido o en la superficie del sustrato son depósitos de cal y de sales minerales. Más allá del aspecto, esas sales acaban dificultando la absorción de agua por las raíces y se traducen en puntas de hojas marrones, hojas de abajo que caen y un crecimiento más lento. Un lavado en profundidad cada cuatro a seis meses basta para eliminarlas: la costra de la superficie se retira a mano, y después se hace pasar al menos dos veces el volumen de la maceta en agua limpia, dejando que todo escurra. Ese lavado se hace antes de un aporte de abono, nunca después. Sobre el propio barro cocido, un cepillado con agua y vinagre borra las marcas.
La estación cuenta tanto como el recipiente. En invierno baja la luz, el crecimiento se ralentiza y las necesidades de agua disminuyen otro tanto, aunque la calefacción dé la impresión contraria al resecar el aire. La diferencia se corrige espaciando los riegos, no reduciendo su volumen: medio riego humedece la parte alta del cepellón y deja seca la de abajo. Agrupar en un mismo estante las plantas que tienen las mismas necesidades simplifica mucho la ronda, y evita regar una suculenta al ritmo de un helecho.
Queda el caso de los cultivos sin tierra, donde la cuestión de la frecuencia desaparece sin más, ya que las raíces permanecen siempre en una solución oxigenada: nuestra comparativa hidroponía o tierra detalla lo que pide cada una. Y si aparecen pequeñas moscas negras por encima de las macetas, suele ser señal de un sustrato regado con demasiada frecuencia: la guía sobre las moscas pequeñas del sustrato explica lo que viene después.
Fuentes
Preguntas frecuentes
¿Cómo regar las plantas durante las vacaciones?
Para una ausencia de una semana, basta con agrupar las macetas lejos del sol directo, en la habitación más fresca, después de un riego completo: la evaporación se frena claramente cuando las plantas están juntas. A partir de diez días, el riego por capilaridad toma el relevo, con una mecha de algodón que une un depósito de agua al sustrato, o una bandeja poco profunda llena de arcilla expandida húmeda. Las plantas que más temen el olvido son las de macetas pequeñas de barro cocido, que conviene confiar a alguien. Las suculentas, por su parte, aguantan tres semanas sin daño.
¿Hay que regar por la mañana o por la tarde?
La mañana es preferible, sobre todo para las aromáticas. El agua y la humedad de la superficie se evaporan durante el día, mientras que un riego tardío deja el sustrato y a veces el follaje húmedos toda la noche. Esa humedad nocturna prolongada favorece las manchas foliares y las enfermedades, y atrae a los mosquitos del sustrato. La regla vale también para la pulverización, que conviene evitar al final del día.
¿Se puede regar con agua del grifo?
En la mayoría de los casos, sí. El agua tratada con un descalcificador, en cambio, hay que descartarla, porque lleva más sales disueltas que el agua corriente. Para limitar los depósitos, el agua se puede sacar la víspera y dejar reposar: un día de evaporación basta para eliminar buena parte del cloro y para que los minerales más pesados se depositen en el fondo. Los últimos centímetros del recipiente se tiran entonces en vez de acabar en la maceta.
¿Qué hacer con una planta cuyo sustrato ya no se humedece?
Un sustrato completamente reseco se vuelve hidrófobo: el agua resbala por la superficie y sale enseguida por el orificio de drenaje, dando la ilusión de un riego conseguido. Hay que poner entonces la maceta en un barreño de agua tibia hasta media altura y dejarla beber de veinte a treinta minutos, el tiempo necesario para que el sustrato se rehumedezca por capilaridad. La maceta escurre después por completo antes de volver a su sitio. Si el fenómeno se repite, suele ser señal de que hace falta un trasplante.



















